Hay veces
en que el mundo
se reduce
a una simple
onomatopeya:
tic
tac
tic
tac
tic
tac
tic
tac…
Pero por suerte
o por desgracia
este poema
no tiene efectos
de sonido.
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jueves, 4 de marzo de 2010
jueves, 18 de febrero de 2010
miércoles, 10 de febrero de 2010
Oportunidades
Camino por el tejado
del certro comercial.
Lo tienen montado como un jardín.
Plantas por aquí y por allá.
Flores, enredaderas, incluso
árboles pequeños, entre los que se abren
veredas bordeadas de muros bajos en los que se demoran quinceañeros
riéndose y fumando, bebiendo,
contando chistes malos, soltando risotadas.
Al fondo hay una capa
con un gran cartel a la entrada:
OPORTUNIDADES
Entro y me doy uan vuelta.
Abrigos de la pasada temporada,
demasiado grandes o pequeños,
o con rotos, o manchas.
Y el precio sigue siendo prohibitivo.
Zapatos huérfanos y viudos,
del 45 y del 46. De una cutrez
indescritible. Polos. Jerséis.
Bolsos, sujetadores.
Unas chicas andan revolviendo
entre las camisetas
Me pruebo una gabardina.
No es mi estilo.
Cuesta diez napos y no tiene pinta
de valer ni para un baile de disfraces.
La vuelvo a colocar en el perchero.
Salgo de la carpa
y cruzo de nuevo el tejado.
Un grupo de adolescentes
posiblemente emporrados
que ya antes habían emitido comentarios
vuelven a soltar la gracia cuando paso:
<<>>.
Ah, Dios.
Un día de éstos
alguien va a acertar con nosotros
y nos vamos a llevar una sorpresa.
del certro comercial.
Lo tienen montado como un jardín.
Plantas por aquí y por allá.
Flores, enredaderas, incluso
árboles pequeños, entre los que se abren
veredas bordeadas de muros bajos en los que se demoran quinceañeros
riéndose y fumando, bebiendo,
contando chistes malos, soltando risotadas.
Al fondo hay una capa
con un gran cartel a la entrada:
OPORTUNIDADES
Entro y me doy uan vuelta.
Abrigos de la pasada temporada,
demasiado grandes o pequeños,
o con rotos, o manchas.
Y el precio sigue siendo prohibitivo.
Zapatos huérfanos y viudos,
del 45 y del 46. De una cutrez
indescritible. Polos. Jerséis.
Bolsos, sujetadores.
Unas chicas andan revolviendo
entre las camisetas
Me pruebo una gabardina.
No es mi estilo.
Cuesta diez napos y no tiene pinta
de valer ni para un baile de disfraces.
La vuelvo a colocar en el perchero.
Salgo de la carpa
y cruzo de nuevo el tejado.
Un grupo de adolescentes
posiblemente emporrados
que ya antes habían emitido comentarios
vuelven a soltar la gracia cuando paso:
<<>>.
Ah, Dios.
Un día de éstos
alguien va a acertar con nosotros
y nos vamos a llevar una sorpresa.
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